Si no echamos el freno pronto, nos vamos al garete

La Ciencia y sus Demonios


Estamos en el tercer planeta de un sistema solar localizado en el extremo de una galaxia que los terrícolas llaman Vía Láctea. Desde lejos parece una mota de polvo azulada, pero si nos acercamos lo suficiente podremos escuchar la música que sale de él. Los habitantes siguen tocando y danzando en su viaje alrededor del Sol igual que la orquesta del Titanic alegraba la noche a unos pasajeros que no eran conscientes de su destino.

Al igual que el Titanic, los humanos nos encaminamos de frente hacia el iceberg y, en lugar de girar el timón y limitar nuestra velocidad, ponemos las máquinas a todo lo que den de sí. La colisión se antoja inminente, pero la música cada vez se oye desde más lejos. Y no estoy hablando de películas de ciencia ficción donde se describen catástrofes apocalípticas sino de lo expuesto en un reciente artículo, escrito por…

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